viernes, 20 de noviembre de 2009

2012 Se acaba el mundo con unas buenas palomitas.




Soberbia visual y catástrofe mundial. Estos dos calificativos podrían marcar la carrera y la filmografía del señor Roland Emerich, que desde su primer trabajo, Stargate, nos ha demostrado que hace bien lo que mejor sabe hacer, que es plasmar en pantalla con unos efectos visuales espectaculares, destrozar el mundo con sus películas. No quiero decir que el mundo sea peor después de sus películas, si no que se ha convertido en el rey, por meritos propios, del género catastrofista.


Sin olvidarnos de la empalagosa El Patriota y de 10.000 (una película escrita durante una mala resaca) hay que decir que ha evolucionado particularmente. Os pondré un ejemplo.


· 2012 (2009)

· 10,000 BC (2008) Un rotundo NO

· El dia de Mañana (2004)

· El Patriota (2000) Empalagosa cinta de patriotismo barato
· Godzilla (1998)
· Independence Day (1996) Puro entretenimiento también patrio.
· Stargate (1994) Película de “culto” de ciencia ficción.


No quiero ocultaros mi profunda pasión por el género catastrofista, ya que de niño, y no tan niño, me fascinaron películas de este sub-mundo del cine (Armaggedon, Independence Day, El Día de mañana, Volcano, La guerra de los Mundos, Aeropuerto 77…) pero tampoco voy a ser muy objetivo, como siempre. Es un auténtico despropósito tras otro la película a la cual me remonto en mi sala de cine habitual, pero esta vez había algo anterior a ver la película que me llamo la atención, los cientos de personas agolpadas a la taquilla esperando poder adquirir su entrada aunque sea en la primera fila para apreciar un auténtico espectáculo audiovisual.


Nos sentamos en la butaca y se hace la oscuridad, después de un majestuoso tráiler de Avatar, comienza el insulto al cine y el aplauso al entretenimiento. La sucesión de acontecimientos esta vez se lleva con un ritmo realmente respetable, y no deja cabo suelto, y aporta su dosis científica para entender todo lo que está pasando, pero señoras y señores, todo esto se va por los suelos en cuanto entramos en el ámbito personal, con una historia absurda plagada de estereotipos de nuestro siglo, encontrando a John Cusack haciendo de padre fracasado que necesita el fin del mundo para salvar su vida sentimental, pero funciona esta fórmula ya que se intenta encajar de una manera comercial, personalmente a mí me sobra. Un asombroso Danny Glover encaja como siempre a la perfección en su personaje y es realmente el único actor de este metraje, porque si tengo que hacer algún comentario sobre lo prescindible que resulta Oliver Platt, estaría horas quejándome de un actor que solo sabe destrozar líneas argumentales allá donde pise un plató con focos. Hasta aquí todo normal.


En el momento que nos metemos en el campo técnico, ahí es donde puedo aplaudir a su director, con cada detalle cuidado, un montaje rítmico y sin pausa, aunque a veces caótico, consigue meternos en el caos que el mismo ha generado. Una proeza visual, tan cuidada que nos gustaría que se encontraran más motivos para destrozar el mundo.


Solo cuatro líneas puedo sacar de bueno de una película que no me disgusto.


Conclusión: puro entretenimiento comercial, visual y apocalíptico (como esta crítica).

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