viernes, 12 de agosto de 2011

Especiales: Sueños de lápiz y papel (I)



Hoy en día cuando vamos al cine a ver alguna película de animación casi toda la oferta que tenemos es animación digital, prácticamente todas están hechas “por ordenador”. Pero que el largometraje esté confeccionado digitalmente no significa que su calidad sea exquisita, es verdad que se consiguen efectos y perspectivas espectaculares, pero de entre todos esos unos y ceros que parece que se han adueñado de la animación sobrevive uno de los mejores estudios de animación del mundo, el Studio Ghibli. Fundado en 1984 por Hayao Miyazaki e Isao Takahata, consiguió crear un estilo propio de dibujo y estilo que aún hoy en día sigue dándonos joyas con las que disfrutar de la animación tradicional de lápiz y papel.


Cuando solemos hablar de anime, manga o dibujos japoneses a mucha gente le viene a la cabeza películas como Akira, Ninja Scroll o Ghost in the Shell, grandes películas, con una buena trama, interesantes argumentos, pero donde suele primar la violencia. Pero no siempre es así, el estudio Ghibli se puede caracterizar por contarnos historias o cuentos en los que siempre se puede aprender una lección moral. Sus películas no pretender ser moralistas, pero tras la historia que nos muestran podemos aprender alguna lección, como por ejemplo en “La Princesa Mononoke”. Aunque no siempre es así, hay otras películas en las que sólo nos cuentan una historia que entretiene y divierte, como en “Porco Rosso” o “Ponyo en el acantilado”.



Los años han pasado desde el primer largometraje “Nausicaä del Valle del viento (1984)” hasta la recientemente anunciada segunda parte de “Porco Rosso” y eso se nota en la calidad de la animación y en los colores, pero el espíritu y el diseño de los personajes sigue siendo el mismo sin haber caído en ningún momento en la repetición y en la  monotonía. Este frescor que nos aporta cada creación es debido a que en una era de cine digital, esta gente siempre apuesta por hacer toda la película usando los mismos medios artesanos desde hace más de veinte años. Siempre en la medida de lo posible utilizan el método de dibujo clásico, el lápiz y el papel; y a pesar de que a priori ha de parecer que es una apuesta arriesgada y pasada de moda los resultados son asombrosos. La fluidez del movimiento de los personajes, la viveza de los colores, la sincronización que consiguen con el sonido... todo el conjunto es impresionante. Con mucha dedicación y trabajo esta gente consigue que nos olvidemos de los actores reales e incluso de la todopoderosa Pixar. Es curioso ver como otros estudios de animación intentan seguir la estela de dejada por Pixar, invirtiendo millones y millones de dólares para alcanzarles y en muchas ocasiones fracasan y luego aparece el Studio Ghibli con su animación tradicional y consigue ponerse sin demasiadas dificultades a la altura de los genios del píxel en movimiento. De hecho en muchos casos les superan.

Pero no sólo del movimiento vive Ghibli, a parte de las ingentes horas de trabajo en la animación, coloreado y entintado, dedican mucho tiempo a las historias que nos cuentan. En algunos casos son adaptaciones de libros o leyendas como el caso de “El castillo ambulante” o “Cuentos de Terramar” y otras son originales como el caso de “Porco Rosso”, “La Princesa Mononoke” o “Mi vecino Totoro”. Es verdad que a las adaptaciones les falta algo, parece que se encuentran encorsetados, pero aún así consiguen una película asombrosa. Pero donde se puede palpar el verdadero potencial es en las historias originales, donde podemos ver que derrochan creatividad e imaginación por los cuatro costados


 Continuará...



written by
Adam Reiss 

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