viernes, 12 de agosto de 2011

Sueños de lápiz y papel (II)


La primera película que alcanzó la fama internacional fue “Mi vecino Totoro”, donde se cuenta como unas hermanas que viven en el campo con su padre quieren ir a visitar a su madre que está enferma en un hospital. Tras este argumento que parece muy simple y sin chicha se esconde una historia llena de imaginación y ternura, donde una serie de entrañables personajes ayudan a las niñas a cumplir su deseo. Para la historia queda la imagen de Totoro usando una hoja a modo de paraguas para evitar mojarse mientras espera con las niñas la llegada del Gato bus. Por supuesto que antes de esta película hay otras y no de menor calidad, como son “Nausicaä en el valle del viento” o “El castillo en el cielo”. Una mención especial en los primeros años del estudio es para “La tumba de las Luciérnagas” un relato sobre dos hermanos que lo han perdido todo a raiz de un bombardeo en la Segunda Guerra mundial. En esta cinta podemos ver las penurias que deben pasar los críos para poder sobrevivir en un mundo destrozado por las bombas. Podría verse como un alegato a la lucha para sobre ponerse a todas las dificultades y a pesar del final que nos dejará con un nudo en la garganta es una película recomendable.



Otra de las maravillas que fabricaron los chicos de Miyazaki fue “Porco Rosso” una historia en la que se juntan batallas de biplanos, la vida en el mar Adriático y la bella Italia y una maldición que convirtió a un hombre en un cerdo. Todo esto junto crea una maravillosa película de aventuras donde Porco Rosso, el protagonista, se gana la vida como cazarecompensas  de piratas aéreos después de la Primera Guerra Mundial. A pesar de parecer una película de acción, gran parte de la película está bajo un marco cómico y hasta tiene grandes pinceladas de romanticismo. Después de cinco años sin producciones conocidas a nivel internacional llegó a Europa “La Princesa Mononoke”, la película que terminó de dar a conocer a Studios Ghibli en Occidente. Esta película no es más que una fábula donde se relata la eterna lucha entre el hombre que lo destruye todo y la naturaleza. Aquí podemos presenciar como ambos bandos luchan con todas sus fuerzas para defender sus ideales, unos para poder vivir y explotar los recursos naturales y los otros para defender sus hogares y castigar a los invasores que destruyen y aniquilan a sus semejantes. Toda esta agresividad y violencia viene aderezada con una bonita historia de amor de fondo, que es la que moverá toda la película.

Años más tarde llegó la consagración, si es que aún no lo habían conseguido, con “El viaje de Chihiro”, un cuento en el que una familia se pierde y termina en un parque de atracciones aparentemente abandonado. Los padres quedan atrapados pos una especie de maldición y la niña debe luchar, no en el sentido físico, para liberar a sus progenitores y escapar de ese lugar. En esta película podemos encontrar un sinfín de referencias a la mitología tradicional japonesa, tal vez es la película con más carga mitológica tradicional de las hechas hasta el momento. Otro punto reseñable de esta película es que utilizaron en algunos momentos puntuales animación por ordenador, como el momento en que Chihiro corre a través del jardín repleto de flores, uno de los momentos más coloristas y vivos de la película.

Ya en 2004, se ocuparon de la adaptación del libro homónimo de Diana Wynne, “Howl’s Moving Castle”, otra historia de guerra provocada por la ambición y la terquedad de la gente que se soluciona gracias al amor que como siempre todo lo puede. Tal vez sea una de las películas más flojas en cuanto a la historia, que no deja de ser trepidante y asombrosa en todo momento, ya que es la adaptación de una obra ya escrita. Pero donde más se lucen es nuevamente en la animación, el castillo y su movimiento es como poco sobrecogedor y espectacular, pareciendo más un ser vivo que un castillo que se mueve mágicamente. Aún después de tantos años viendo producciones de Ghibli, sigue asombrando el dominio que tienen con el lápiz y los colores. El dinamismo que desprende la película hace que nos peguemos al asiento ansiando saber que pasará a continuación.

Y por último nos queda “Ponyo en el acantilado”, un cuento infantil en el que un niño encuentra un pececito con rasgos humanos que se ha escapado de su padre, un poderoso hechicero que intentará recuperar a su hija. En ningún momento encontraremos el bando de los buenos y de los malos, hemos de tener en cuenta que es un cuento para niños y toda la película emite un aura de ternura e inocencia. De hecho todos los fondos que aparecen asemejan a los que salen en los libros infantiles, trazos muy sencillos, muchas redondeces, pintados con acuarelas.... A lo mejor a los que nos pilla más mayores nos puede parecer demasiado infantil, pero aún así no deja de ser una película bonita y enternecedora.

Aunque la calidad del dibujo y la animación son excelentes y las historias son originales, con personajes carismáticos y bien definidos, no estarían donde están si no fuese por el magistral Jō Hisaishi, el compositor de la banda sonora de prácticamente todas las películas de Miyazaki. Con su música consigue que volemos entre aviones en cruentas batallas o que nos emocionemos con el abrazo de dos personas. Siempre consigue poner la puntilla para que las escenas sean perfectas y mágicas. Su obra cumbre, personalmente creo que es la banda sonora de “La Princesa Mononoke” donde los coros y la flauta tienen mucho protagonismo, impregnando a toda la película de un aura mística y mítica que consigue que sea  aún más épica. Otra joya de este compositor es la banda sonora de “Porco Rosso” donde nos traslada a la Italia de la postguerra, también en las partes donde hay situaciones cómicas, como la competición aérea entre Porco y Donald Curtis. En definitiva, gracias a la banda sonora de este hombre queda completa cualquier película que se le ocurra al señor Moyazaki.

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