miércoles, 12 de octubre de 2011

El discurso del Rey: una sobrecogedora historia de superación.

Muy pocas veces me encuentro sentado delante del teclado al momento de ver una película y por supuesto menos pienso en escribir las cosas en caliente, pero esta vez vamos a saltarnos el protocolo. Podéis llamarme Wiido, como autor de este humilde escrito, sin ninguna vacilación y a pesar de sentir una empatía enorme por aquellas personas que logran superar una barrera física e incluso emocional, me dirijo a todos y cada una de las personas que, con ilusión o por inercia, leen mis críticas.
Hoy en día el cine tiene unos elementos absurdos que nos hacen pagar una entrada de cine, guiados por modas o por un capricho ajeno de infantilismo. Muchas veces ocurre que estamos sentados y nos sentimos enormemente estafados con el visionado en cuestión y otras veces nos encontramos en el sofá de nuestro hogar maldiciendo por no haber gastado el dinero por una obra que, esta vez, sin lugar a dudas lo merecía.
La obra en cuestión es la maravillosa “El discurso del Rey”, la cual derrocha dramatismo, simpatía, emoción, entrega y belleza por todos los lados que se mire, pues es una obra muy redonda y para nada cerrada. Podría decirse que a Colin Firth le dieron el Oscar y se fue al set de rodaje a trabajar, porque obviamente era suyo, como suya ha sido la tartamudez de un rey, Jorge VI. Su actuación ha sido tan perfilada, tan trabajada que si alguna vez nos lo encontramos por la calle querremos que nos tartamudeé. Nada más lejos queda la actuación de un Geoffrey Rush que con su expresividad ha sabido darle una humanidad y humildad a un personaje que totalmente se gana la confianza de un rey. De muy de cerca le sigue la actuación de una, al principio dubitativa, Helena Bonham Carter, mujer fiel y entregada a ayudar a superar la barrera de su marido.
La ambientación es sublime, dentro de una Inglaterra siempre neblinosa de comienzos de la segunda guerra mundial, y resaltar un trabajo de fotografía asombroso con unos planos tan bien paridos, tan bien situados y encuadrados que sabíamos en cada momento lo que significaba cada uno de ellos, dando una poderosa fuerza narrativa.
También resaltar una poderosa banda sonora de unos de los nuevos grandes compositores, Alexander Desplat, que nos envuelve y nos llena cada sentido.
En conclusión una película ganadora del Oscar a la mejor película, mejor director y mejor actor, con todo merecimiento y que mucho he tardado en visionar y aquí me disculpo humildemente.
Con voluntad siempre hay un camino…

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