martes, 30 de octubre de 2012

[Especial 007] Casino Royale, se la juega a una carta y gana.

 
En 2006 volvió el agente secreto más famoso de la historia del cine, James Bond, con aires renovados y mucha expectación. Mucho se dijo en su momento pero ahora me toca jugar esta partida a mí.
La apuesta era arriesgada, un actor rubio totalmente desconocido iba a encarnar a 007. Suponía el reinicio de una saga que, ya de por si, había desgastado por completo Pierce Brosnan con un cúmulo de despropósitos considerables. Y nada mejor para empezar de nuevo que contar la historia desde el principio y con el mejor enfoque posible, la seriedad, sin olvidar los aspectos que caracterizan y dan forma al universo Bond.

La primera misión del agente británico James Bond (Daniel Craig) como agente 007 lo lleva hasta Le Chiffre (Mads Mikkelsen), banquero de los terroristas de todo el mundo. Para detenerlo y desmantelar la red terrorista, Bond debe derrotarlo en una arriesgada partida de póquer en el Casino Royale. Al principio a Bond le disgusta Vesper Lynd (Eva Green), la hermosa oficial del Tesoro que debe vigilar el dinero del gobierno, pero a medida que Bond y Vesper se ven obligados a defenderse juntos de los mortales ataques de Le Chiffre y sus secuaces, nace entre ellos una atracción mutua.

Lo primero es lo primero: Craig no es un buen Bond, es un Bond genial. Concretamente es un 007 tal y como lo concibió Ian Fleming: frío, expeditivo, seductor, contundente y una innumerable lista de adjetivos que solo podrían calificarle como algo excelente, sus escenas de acción son vibrantes, dejándose la piel en cada una de ellas. Consigue en el transcurso del metraje dos evoluciones en su personaje, y eso, mi fiel lector, es mucho más complejo que la mayoría de actores que le precedieron en el mismo personaje.
 
Existen una serie de motivos por los que James Bond es la figura que simboliza, y uno de ellos es la fémina en cuestión, la chica Bond, (ENAJENACIÓN MENTAL: sería increíble que se arriesgara a tocar la homosexualidad en alguna futura entrega pero eso sería algo demasiado atrevido para las arcas de una productora. FIN DE ENAJENACIÓN MENTAL) esta vez es Eva Green la encargada de afrontar el ego mayúsculo del espía del MI6, y atentos porque estamos ante una pareja explosiva, un choque de personalidades potente y sumamente divertido en muchos aspectos. No solo se complementan, sino que supone la catarsis completa del protagonista. El propio guion tiene una frase muy representativa:
- Aunque solo te hubieran dejado el meñique y la sonrisa, serías más hombre que todos ellos.- Eso es porque sabes lo que puedo hacer con mi dedo meñique.

Si bien lo comentado anteriormente es un buen aliciente, la acción que transcurre es preciosista y efectiva, bien orquestada. Martin Campbell tira más de oficio que de genio la verdad, pero consiguiendo su objetivo, no dejar a parte la complejidad de un argumento que se pone al servicio de tramas elaboradas dignas del género que ocupa.
A partir de aquí empezamos a flaquear, la música es correcta, nada que objetar a una excelente canción de Chris Cornell totalmente adecuada, durante el filme pasa desapercibida y es correcta en todo momento.

El villano es algo importante, sin él no habría problema o trama a descubrir. Llama la atención que en esta ocasión sea un especulador del dinero de terroristas, toda una alegoría contemporánea. Sin embargo, no estamos ante el mejor villano de toda la saga. No quiero decir que sea mal némesis, todo lo contrario, protagoniza escenas memorables como el interrogatorio, y es imperturbable aunque se consiga debilitarle ya que no es más que una marioneta de algo superior, pero eso hace que no sea todo lo que necesitamos de un supervillano.
 
En conclusión: la apuesta arriesgada funciona, acción, carisma y genialidad caracterizan al nuevo agente al servicio de su majestad. Una pieza que debe ser visionada de vez en cuando de nuevo para apreciar todo lo que James Bond debió, debe y deberá ser.

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