lunes, 22 de abril de 2013

Crítica: Django, Tarantino desatado.



En la misma semana del pasado mes de Enero se cruzaron dos estrenos de temática similar pero enfocadas de dos maneras diferentes. Una de ellas es la encomiable Lincoln y la otra es la nueva película del excéntrico director Quentin Tarantino. Una película a la que hay que ir preparado psicológicamente para su visionado, no apto para estómagos sensibles.


En Texas, dos años antes de estallar la Guerra Civil Americana, King Schultz (Christoph Waltz), un cazarecompensas alemán que le sigue la pista a unos asesinos para cobrar por sus cabezas, le promete al esclavo negro Django (Jamie Foxx) dejarlo en libertad si le ayuda a atraparlos. Él acepta pues luego quiere ir a buscar a su esposa Broomhilda (Kerry Washington), una esclava que está en una plantación del terrateniente Calvin Candie (Leonardo DiCaprio).

La breve pero intensa filmografía del director, Quentin Tarantino, nos vale para mostrar lo que es un estilo único en el cine, no tiene reparo en mostrarnos violencia gratuita junto con la ironía de unos diálogos trabajados (a veces demasiado pesados). Django se convierte en una locura desatada de principio a fin, pero una sana locura que hace que nos riamos de los momentos más sangrientos disfrutando del dolor y la ironía.

El ya galardonado actor, Christopher Waltz, hace un papel elogiable, sagaz y muy divertido. Jamie Foxx no está a la altura, pero se mete en su rol eficazmente y nos deja un personaje con un par de frases, ya míticas, para la historia del cine. Mención especial tiene Leonardo di Caprio, al que ya se le escapan por capricho ajeno los galardones en sus últimas interpretaciones, encarna a un villano ameno y eficaz, capaz de sangrar (literalmente) si el papel lo requiere, ofreciéndonos una dupla con Waltz verdaderamente estimulante.

La música de la que se empapa la obra (la mejor si no contamos Reservoir Dogs y Pulp Fiction) proviene del más mítico Spaghetti Western y se adapta a cada escena, plano y movimiento de cámara, resultando tan descriptiva como auténtica.

En conclusión: Django se convierte en un excelente resurgir Tarantiniano, después de la soberana tontería que resultó ser Malditos Bastardos con la feliz excepción de Christopher Waltz.

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