viernes, 19 de abril de 2013

Crítica: La Jungla, un buen día para morir viendo basura.




Y van cinco películas sobre el policía neoyorquino, John McClane, y parece que no aprenden. Tras una cuarta entrega entre la mediocridad y pequeños destellos de entretenimiento, el director de Max Payne, Tras la línea enemiga, y El Vuelo del Fénix entre otras obras para tirar por el retrete, se lanzó a dirigir la quinta entrega, lo cual no resultaba nada alentador sabiendo que el libreto lo escribió alguien capaz de engendros como X-Men: Lobezno.

El policía John McClane (Bruce Willis) se encuentra por sorpresa en Moscú con su hijo Jack (Jai Courtney) en el lugar y momento equivocados. Con los peores elementos de los bajos fondos rusos tras ellos y luchando contrarreloj para evitar una guerra, los dos McClane descubren que sus métodos opuestos para enfrentarse a las dificultades les pueden venir bien para aunar fuerzas en mantenerse vivos.

Solo existe una manera de definir la cinta en cuestión, y es basura con fuegos artificiales. Vale que incluye a Bruce Willis, pero ni sus frases oportunas salvan la hora y media en que tus retinas sufren un desgaste desproporcionado. Una auténtica tomadura de pelo.

Ni villanos, ni secundarios, nada se salva, ni siquiera el acercamiento de la banda sonora por evocarnos un pasado mejor. Unos efectos especiales deprimentes orquestados por, seguramente, alguien que no tiene miedo a meter explosiones a todo, para que quede bonito, pareciéndonos en ocasiones más un videojuego cutre que una película de acción.

En conclusión:  Un buen día para morir convierte tus deseos de ver buen cine de acción en ganas de un suicidio temprano y salir clamando al cielo por un dinero malgastado.